Por qué puede necesitarse cambiar un lente intraocular
Las razones más frecuentes para considerar el reemplazo de un lente intraocular son: error refractivo significativo (el ojo quedó más miope o más hipermétrope de lo planeado), insatisfacción con el lente multifocal (halos intolerados que no mejoran), luxación o descentramiento del lente, o implante de potencia incorrecta.
Cuándo es técnicamente factible
El reemplazo de un lente intraocular es más sencillo en las primeras semanas después de la cirugía, antes de que el lente quede firmemente adherido a la cápsula. Pasados 3-6 meses, la adherencia es mayor y el procedimiento de reemplazo es más complejo y conlleva mayor riesgo de daño a estructuras oculares.
En algunos casos, en lugar de reemplazar el lente, se puede implantar un segundo lente (lente piggyback) para corregir un error refractivo residual.
Antes de decidir un cambio de lente, siempre se evalúa si el problema puede resolverse con anteojos, lentes de contacto o una cirugía refractiva adicional sobre la córnea (LASIK o PRK). Estas son opciones menos invasivas.
Riesgos del explante
El reemplazo de un lente intraocular es una cirugía más compleja que la original. Los riesgos incluyen: lesión de la cápsula posterior, necesidad de usar soportes artificiales para el lente (anillos o suturas esclerales), edema corneal y menor predecibilidad del resultado refractivo final.
La mejor estrategia es prevenir el problema
La mejor forma de evitar necesitar un cambio de lente es tener una consulta preoperatoria exhaustiva, comunicar claramente las expectativas y elegir el lente apropiado para cada ojo y cada estilo de vida. El 95% de los pacientes está satisfecho con el resultado de la primera cirugía cuando la elección del lente fue adecuada.